Si fuera una mujer rica ensayo

Ensayo hay igualdad real de la mujer. Ensayo “Hay igualdad real de la mujer en costa rica” Para quienes vivimos en la sociedad actual, nos queda más que claro que históricamente, se violentaron de muchas formas muchos de los derechos humanos a las mujeres, y que también, durante muchos siglos, existió un discurso discriminatorio que reducía a la mujer a un entorno hogareño represivo ... Asidua estudiosa de la obra de Carmen Naranjo, la Máster Virginia Borloz Soto, retomó a la mujer, la ciudadana, la artista, la escritora, desde su libro Carmen Naranjo: una metáfora viviente. Para Borloz, Naranjo fue admiración y asombro, una maestra en el manejo de la palabra y del lenguaje; una traslación de significados, una creadora de significados. También mostró su hartazgo con las misivas en las que le preguntaban quién desposaría a quién “como si fuera el único final y objetivo en la vida de una mujer”, según recoge Anne ­Boyd ... Si fuera mujer. por Daniel Ulibarri enero 15, 2018 septiembre 24, 2020 0. ... con eso de intentar explicarle a un hombre que no tiene sentido diferenciar el abuso y la vulgaridad cuando no hay una sola diferencia. ... Etiquetado Ensayo Opinión Si yo fuera mujer. Share Tweet Pin It Share. Getty Images Marie Bonaparte nació en cuna real pero fue también una mujer revolucionaria. Para algunos fue una pionera de la sexualidad femenina; otros solo la ven como una mujer rica, con ... ...Ensayo “Hay igualdad real de la mujer en costa rica” Para quienes vivimos en la sociedad actual, nos queda más que claro que históricamente, se violentaron de muchas formas muchos de los derechos humanos a las mujeres, y que también, durante muchos siglos, existió un discurso discriminatorio que reducía a la mujer a un entorno hogareño represivo y opresivo. Si bien dejó su impronta de eternidad con poemas como “Piedra de sol”, o “Nocturno de San Ildefonso”, por mencionar dos de sus joyas, e hizo una radiografía del mexicano en su ensayo ...

El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

2016.08.14 13:57 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
submitted by ShaunaDorothy to communismo [link] [comments]


2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
submitted by ShaunaDorothy to Espartaco [link] [comments]


2016.06.02 12:32 ShaunaDorothy Trotskismo vs. castrismo - A 50 años de la Revolución Cubana: ¡Defender a Cuba! ( 2 - 2 ) (Invierno de 2008-2009)

https://archive.is/rhukp
La lucha por la democracia obrera
El SWP y el S.U. fueron abiertos apologistas de la represión del gobierno de Castro contra la clase obrera e izquierdistas cubanos, incluyendo a los trotskistas. El SWP y el S.U. hicieron borrosa la diferencia cualitativa entre un estado obrero sano, en el cual la clase obrera posee el poder político, y uno deformado, en el que el poder político está en manos de una burocracia. Aunque en muy raras ocasiones dirigentes del SWP como Joseph Hansen reconocieron que las “formas de la democracia obrera” estaban ausentes, esto era visto como una pequeña imperfección, y en cualquier caso la “dinámica objetiva” obligaría “inevitablemente” a los castristas a ver la luz. Esto se reflejó en una declaración de Adolfo Gilly, un partidario de los pablistas mexicanos. Mientras afirmaba que “Cuba se ha visto influenciada por los métodos burocráticos y la falta de participación de los trabajadores que existen en otros países socialistas”, Gilly igual excusaba a la burocracia concluyendo que “no hay país alguno hoy donde haya mayor democracia que en Cuba” y que “es la presión desde abajo la que es decisiva en cada paso y la que termina por imponerse, ampliando así la senda misma de la Revolución Cubana” (Monthly Review, octubre de 1964). Bueno, ¡ya han pasado más de 40 años y aún seguimos esperando!
Convenientemente, el SWP y el S.U. trataron de echar toda la culpa del burocratismo estalinista a los cuadros del PSP, presentando particularmente a Castro y Guevara como “trotskistas inconscientes”. Por su parte, Socialist Action (febrero de 2008) afirma que “el Ché fue motivado por su concepto de la revolución permanente cuando dejó Cuba decidido a contribuir con la creación de ‘dos, tres, muchos Vietnams’.” Peter Taaffe, líder del Comité por una Internacional Obrera, afirmó recientemente que “Castro niega deliberadamente —de manera muy errónea, tal como Celia Hart ha indicado— que el Ché Guevara tuviera ‘simpatías trotskistas’.” Castro debe de saber. En su autobiografía (escrita con Ignacio Ramonet), Castro respondió a una pregunta del entrevistador sobre Guevara: “nunca le oí hablar realmente de Trotsky. Él era leninista y, en cierta forma, reconocía hasta algunos méritos de Stalin. En realidad, bueno, la industrialización y algunas de esas cosas” (Fidel Castro, biografía a dos voces, 2006).
Aunque Guevara haya sido un personaje valeroso que murió luchando por sus ideales, su guerrillerismo basado en el campesinado estaba en contraposición al leninismo y a la revolución permanente de Trotsky, que se basa en el internacionalismo proletario. Como explicamos en “La mística de la vía guerrillera” (WV No. 630, 6 de octubre de 1995):
“A pesar del espíritu revolucionario del grito de batalla contra el imperialismo de Guevara, su llamado por una guerra de guerrillas basada en el campesinado fue, desde muchos ángulos, un categórico rechazo del marxismo, del leninismo y de la lucha proletaria por el poder... Su programa político era fundamentalmente elitista en tanto que rechazaba abiertamente la necesidad de que los obreros expresen su voz y su poder a través de sus propios órganos clasistas, como los consejos obreros (soviets). Por el contrario, se suponía que las masas se iban a someter a la dirección de un grupo de intelectuales radicales pequeñoburgueses convertidos en guerrilleros que se autoproclamó y partió al monte.”
Debido a sus números, su ubicación en los centros urbanos de finanzas y manufactura, así como su posición estratégica con las manos puestas sobre los medios de producción, donde la experiencia común de los trabajadores crea la solidaridad y la organización, únicamente el proletariado tiene el poder social y el interés de clase para derrocar al capitalismo. Como una masa de pequeños productores de mercancías, el campesinado es una capa pequeñoburguesa cuyas condiciones de existencia dan origen a perspectivas estrechas. Su estrato inferior, los campesinos sin tierra, está más cercano a la clase obrera, mientras que su estrato superior está más inclinado hacia la burguesía. Su trabajo productivo se basa en la propiedad privada de parcelas de tierra; los campesinos no tienen un modo de producción independiente. El campesinado sigue al proletariado o a la burguesía.
Bajo las circunstancias más favorables que se puedan concebir, el campesinado pequeñoburgués sólo fue capaz de crear un estado obrero burocráticamente deformado. Con la destrucción del estado obrero degenerado de la Unión Soviética y, por consiguiente, sin un salvavidas disponible contra el cerco imperialista, la estrecha ventana histórica en la que las fuerzas pequeñoburguesas fueron capaces de derrocar el dominio capitalista en su territorio se ha cerrado en este periodo.
Guevara era despectivo con respecto a la democracia obrera. En su ensayo “El papel del partido marxista-leninista”, afirmó que los dirigentes guerrilleros en “las montañas” eran “ideológicamente proletarios”, mientras que aquellos en “los llanos” (es decir, en las ciudades) eran pequeñoburgueses. De lo anterior concluyó que “el Ejército Rebelde es el representante genuino de la revolución que triunfa”. La política de Guevara fue una vertiente particularmente idealista y voluntarista del estalinismo. En “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965), sostuvo que la productividad de los trabajadores podría ser estimulada mejor a través de “incentivos morales” en lugar de incentivos materiales; desechó el deseo de los trabajadores de un nivel de vida digno, tachándolo de burgués. Rechazando una perspectiva proletaria revolucionaria internacionalista, Guevara aceptó el marco de “construir el socialismo” en una isla pequeña, pobre y asediada. Los trotskistas comprendemos que sólo la expansión de la revolución a los países capitalistas avanzados puede resolver el problema de la escasez material. Guevara explícitamente caracterizó la formación de la Oposición de Izquierda por Trotsky en contra de la usurpación política de la revolución por Stalin como “contrarrevolucionaria”.
El que una burocracia gubernamental sólo estuviera en proceso de formación hizo que Cuba inicialmente se encontrara más abierta a la intervención de trotskistas que en otros estados obreros deformados. Esto se reflejó en el hecho de que a un grupo trotskista se le permitió funcionar por un periodo. Tanto las milicias como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y los sindicatos tenían una base de masas. Se trataba de una apertura transitoria, pero que tenía que ser puesta a prueba. La RT dio así una formulación transitoria al programa de revolución política para Cuba, al llamar por “poner a los ministros de gobierno bajo la responsabilidad de las organizaciones democráticas de obreros y campesinos y hacerlos sustituibles por esas mismas organizaciones”.
Un parteaguas en el endurecimiento de la burocracia fue la detención de miembros de la organización trotskista cubana, el Partido Obrero Revolucionario (POR), parte de una tendencia internacional dirigida por Juan Posadas. En mayo de 1961, el gobierno de La Habana embargó el periódico del POR, Voz Proletaria, y destruyó las placas de impresión para una edición de La revolución permanente de Trotsky. En noviembre de 1963, cinco miembros dirigentes del POR fueron detenidos. Se les acusó de distribuir un periódico ilegal, de llamar por el derrocamiento del gobierno y de ser críticos contra Fidel Castro. Fueron sentenciados a condenas de hasta nueve años de prisión; al final, pasaron un año y medio o menos en la cárcel. Guevara fue confrontado con respecto a las detenciones por un partidario espartaquista durante un viaje a Cuba en 1964. Nuestro camarada señaló que las críticas de quienes defienden incondicionalmente la Revolución deben ser manejadas políticamente, en lugar de suprimir puntos de vista. Guevara respondió:
“Estoy de acuerdo con su declaración, pero los trotskistas cubanos no están dentro de la Revolución, son sólo ‘divisionistas’... No voy a decir que son agentes de la CIA —no lo sabemos—. No tienen historial de apoyo a la revolución.”
—“¡Libertad para los trotskistas cubanos!”, Spartacist (Edición en inglés) No. 3, enero-febrero de 1965
Se trataba de una calumnia deliberada. Los miembros del POR arrestados participaron en todas las actividades de la Revolución antes de 1959, cuando los estalinistas aún estaban a la espera de ver quién ganaría. Andrés Alfonso luchó desde la clandestinidad contra Batista, mientras que Ricardo Ferrera había luchado del lado del Ejército Rebelde desde los 16 años. El POR incluía miembros de los sindicatos, los CDRs y de las milicias que se movilizaron para defender a Cuba durante la crisis de los misiles en octubre de 1962. Guevara, el “trotskista inconsciente”, era en realidad un perseguidor consciente de trotskistas; atacó a los camaradas del POR en varias ocasiones en 1961 como parte de su impulso de lograr un solo partido unificado (estalinista) en Cuba.
A pesar de las diferencias políticas, la tendencia espartaquista fue la primera —fuera de los mismos posadistas— en defender a los trotskistas cubanos y llevar su caso a la atención mundial. Como buenos lamebotas de los castristas, los dirigentes del SWP no mencionaron una palabra acerca de los arrestos hasta después de que los miembros del POR fueron liberados, tras haber firmado una declaración capitulatoria en que aseguraban que disolverían su organización. El trato despreciable hacia los trotskistas cubanos de parte del SWP y otros hizo recordar el silencio de los pablistas con respecto al encarcelamiento de los trotskistas chinos por Mao años antes.
¡Por el internacionalismo proletario!
Uno de los principios básicos de la revolución permanente —y una línea divisoria profunda entre el trotskismo y el estalinismo— es la necesidad de extender la revolución en un país semicolonial hacia el mundo capitalista avanzado. Esto se deriva de la comprensión de la necesidad de una economía planificada al nivel internacional, incluyendo necesariamente a las sociedades más avanzadas económicamente. Los estados obreros se ven amenazados no sólo por la intervención militar imperialista, sino incluso de manera más crucial por la penetración económica imperialista y el nivel de productividad cualitativamente más alto en los países capitalistas avanzados.
Lenin afirmó: “En tanto que el capitalismo y el socialismo existan uno al lado del otro, no habrá paz alguna para nosotros. El uno o el otro triunfará en el largo plazo. Habrá una marcha fúnebre, ya sea para la República Soviética o para el capitalismo mundial” (citado en Historia de la Revolución Rusa de Trotsky). La catastrófica caída de la Unión Soviética, socavada por décadas de traición y mala administración estalinista, confirmó lo estéril de intentar construir el “socialismo en un solo país”. ¡Cuánto más se aplica todo esto a la pequeña Cuba!
Las nacionalistas burocracias estalinistas buscan sus propios acuerdos con los imperialistas, incluso al precio de otros estados obreros (como se reflejó con la escisión sino-soviética en los años 60). A cambio de la ayuda económica y militar soviética, Castro generalmente apoyó la política del Kremlin al nivel internacional. Pero el dirigente soviético Nikita Jruschov dejó perfectamente clara su voluntad de llegar a un trato por separado con el imperialismo de EE.UU. a costa de Cuba durante la crisis de los misiles en 1962, cuando, en respuesta a las amenazas de EE.UU., se retiraron los misiles soviéticos de Cuba. Una declaración de la RT en el momento denunciaba “el papel contrarrevolucionario” de los “burócratas del Kremlin” en la crisis de los misiles en Cuba y afirmó: “La falsa política de la dirigencia castrista, su bloque político con los estalinistas, ha socavado enormemente esta defensa” (“Declaración sobre la crisis cubana”, 30 de noviembre de 1962, reimpreso en Marxist Bulletin No. 3, I parte).
Contrario al mito propagado por muchos izquierdistas, la línea cubana no era más “internacionalista” cuando Guevara estaba vivo. Así, la delegación cubana a la conferencia de Punta del Este (Uruguay) en 1961, encabezada por el Ché Guevara, ofreció distensión a los imperialistas estadounidenses. Tal como menciona John Gerassi en The Great Fear in Latin America [El gran temor en América Latina] (1965), Guevara dijo: “No podemos prometer que no exportaremos nuestro ejemplo, como nos lo pide Estados Unidos, porque un ejemplo es cuestión de espíritu y un elemento espiritual puede cruzar las fronteras. Pero garantizaremos que no habrá envío de armas cubanas para ser usadas en la lucha de ningún país latinoamericano.”
El patrocinio del gobierno cubano a la guerra de guerrillas en algunas zonas de América Latina, principalmente en los años 1964-67, fue de hecho bastante selectivo. Los castristas apoyaron distintos regímenes “democráticos” nacionalistas burgueses en América Latina que imaginaron serían un contrapeso a los imperialistas. La política exterior de Cuba sigue la lógica del “socialismo en un solo país” de Stalin, es decir, se opone a la revolución internacional con la esperanza de apaciguar la hostilidad imperialista, al tiempo que impulsa regímenes capitalistas dispuestos a ser “amigos” del estado no-capitalista propio de los estalinistas. En particular, Castro apoyó los regímenes nacionalistas de Jânio Quadros y João Goulart en Brasil a comienzos de los años 60. En 1969, Castro saludó a la junta militar peruana como “un grupo de oficiales progresistas que desempeñan un papel revolucionario”.
Sin embargo, la mayor traición vino con el apoyo político de Fidel a la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile. Repudiando la necesidad de una revolución en favor de la “vía parlamentaria al socialismo”, Castro dijo en 1971 que “nunca hubo contradicción alguna entre los conceptos de la Revolución Cubana y el camino seguido por el movimiento de izquierda y los partidos obreros en Chile”. La coalición de Allende con partidos capitalistas chilenos, el frente popular, desarmó políticamente a la clase trabajadora, a la cual se le pidió que depositara su confianza en el ejército “constitucionalista” y la burguesía “democrática”. El resultado de esta traición fue el sangriento golpe militar de Pinochet del 11 de septiembre de 1973 y la masacre de más de 30 mil sindicalistas, izquierdistas y otros.
Cuando las masas nicaragüenses aplastaron la dictadura de Somoza en 1979, el estado capitalista fue hecho añicos, y se abrió la posibilidad de una revolución social. Nosotros dijimos: “¡Defender, completar y extender la revolución nicaragüense!” Sin embargo, Castro aconsejó al gobierno sandinista en ese momento: “Eviten los errores iniciales que al principio cometimos en Cuba, el rechazo político del Occidente, los ataques frontales prematuros a la burguesía, el aislamiento económico.” Bajo una “economía mixta” y la presión de los “contras” apoyados por la CIA, la burguesía nicaragüense fue capaz de revalidar su control una década más tarde, derrotando a la revolución.
Hoy es el caudillo capitalista Hugo Chávez, en Venezuela, a quien Castro promueve como el nuevo revolucionario del siglo XXI. Para los que viven en la isla esto puede parecer atractivo. Se calcula que desde 2003, Chávez ha invertido cuatro mil millones de dólares en diversas áreas de la agricultura, la industria, los servicios y la infraestructura en Cuba. En 2006, el 35.4 por ciento del total del comercio de productos de Cuba se hizo con Venezuela. Al nivel nacional, conforme los precios del petróleo ascendían, Chávez desvió parte de las enormes ganancias para financiar una serie de medidas sociales.
Como marxistas, llamamos por la defensa militar del régimen de Chávez en el caso de un golpe patrocinado por EE.UU., como lo hicimos en 2002. Sin embargo, no damos apoyo político a Chávez. La izquierda reformista perpetúa la ilusión de que Venezuela es “socialista” o está en camino al socialismo. Sin embargo, hay una diferencia cualitativa entre Cuba y Venezuela. En Cuba se aplastó al estado burgués y se expropió a la burguesía como clase. Chávez llegó al poder a través de un proceso electoral burgués y gobierna a la cabeza de un estado capitalista. La burguesía venezolana está vivita y coleando, y los imperialistas siguen llevando a cabo un esplendoroso negocio con Venezuela. A pesar de que Chávez ha aumentado la presencia estatal en industrias como la del petróleo, la electricidad, la producción de acero y de cemento, estas nacionalizaciones, que se han dado poco a poco, no presentan un desafío a la propiedad privada capitalista. Típicamente, medidas como éstas han sido llevadas a cabo por otros populistas latinoamericanos como Lázaro Cárdenas en México en los años 30 y Juan Perón en Argentina en los 40 y 50, así como Gamal Abdel Nasser en Egipto también en los años 50. Un antiguo coronel del ejército, Chávez es un gobernante bonapartista que emplea medidas populistas no para efectuar sino más bien para desviar una revolución social —al vincular más firmemente a las masas desposeídas con el estado capitalista venezolano—.
Los izquierdistas pro-Castro suelen citar las intervenciones de Cuba en África como prueba de su internacionalismo. Tras el desvanecimiento del colonialismo portugués en África en 1974-75, Angola fue presa de una guerra de aniquilación mutua entre fuerzas nacionalistas rivales en la que los marxistas no tomamos lado. Pero cuando el ejército sudafricano del apartheid, apoyado por EE.UU., invadió Angola, Cuba envió tropas, apoyadas por los soviéticos, que lucharon al lado de los nacionalistas angoleños del MPLA y lograron aplastar a las fuerzas sudafricanas y a sus aliados en Angola. A pesar de que políticamente no apoyábamos al MPLA, militarmente nos pusimos de su lado, del de las fuerzas cubanas y de sus asesores soviéticos en lo que era una guerra indirecta contra los imperialistas estadounidenses.
Las batallas heroicas libradas por las tropas cubanas hicieron añicos el mito de la invencibilidad del ejército del apartheid, ayudando así a inspirar las revueltas de Soweto en 1976 y otras luchas de las masas negras oprimidas en Sudáfrica. Sin embargo, es importante señalar que el objetivo de los estalinistas cubanos y soviéticos nunca fue derrocar el capitalismo en África. Así como patrocinaron al régimen burgués corrupto del MPLA en Angola, Cuba y la URSS también apoyaron la brutal dictadura de Mengistu en Etiopía a principios de los años 70. En Sudáfrica, que cuenta con el mayor proletariado en el África subsahariana, los estalinistas han apoyado desde 1928 una alianza con el burgués Congreso Nacional Africano (CNA). Hoy en día, el régimen del apartheid ya no existe, pero las masas negras siguen siendo los de abajo con un régimen de neoapartheid administrado por el CNA, el Partido Comunista de Sudáfrica y los líderes de la federación sindical COSATU.
A pesar de que Cuba ha estado bajo el acecho militar del imperialismo estadounidense durante casi medio siglo, la autobiografía de Castro deja claro su apetito por una “tregua” a través de un ala “progresista” del imperialismo estadounidense —es decir, el Partido Demócrata—. Hay abundantes referencias favorables a los presidentes del Partido Demócrata. “Franklin Delano Roosevelt...es, a mi juicio, uno de los mejores estadistas que ha tenido” EE.UU. “Yo siempre tuve buena opinión de [Jimmy] Carter como un hombre de ética. Su política fue constructiva con relación a Cuba.” El entrevistador preguntó si Clinton (quien intensificó el embargo a Cuba en dos ocasiones) fue “más constructivo”; Castro respondió: “Sí, él no era particularmente agresivo. Pero Clinton heredó toda aquella comunidad, heredó todas las campañas que se han hecho contra Cuba y era muy poco lo que podía hacer para ayudar.” Incluso Kennedy —con todo y Bahía de Cochinos— es excusado: “creo que Kennedy fue un hombre de gran entusiasmo, muy inteligente, con carisma personal, que trataba de hacer cosas positivas...dio luz verde a la invasión de Playa Girón en 1961, pero esa operación no fue preparada por él, sino por el gobierno anterior de Eisenhower y Nixon.” Castro está siguiendo los pasos de los estalinistas del Kremlin y del Partido Comunista de EE.UU., quienes desde los tiempos de Roosevelt generalmente han apoyado al capitalista Partido Demócrata.
El mundo postsoviético
Siempre sensibles a la opinión pública pequeñoburguesa, los pablistas fueron abandonando su anterior entusiasmo por la guerra de guerrillas campesina con los primeros indicios de la Segunda Guerra Fría a fines de los años 70. Votaron por la instauración de los gobiernos de frente popular más vehementemente anticomunistas, como el del “socialista” francés Mitterrand en 1981. Haciendo eco de la campaña imperialista por “democracia” y “derechos humanos”, apoyaron a todos y cada uno de los oponentes del gobierno soviético. Esto incluyó el apoyo en los años 80 a la polaca Solidarność, punta de lanza de la contrarrevolución capitalista en Europa Oriental. En EE.UU., Socialist Action incluso adoptó el logotipo de Solidarność como rótulo en su periódico. El fallecido Ernest Mandel, dirigente del S.U., aclamó a estos reaccionarios clericales, que fueron respaldados por la CIA y el Vaticano, como “los mejores socialistas del mundo”.
En retrospectiva, el S.U. incluso elogió como “luchadores por la libertad” a los nazis estonios “Hermanos del Bosque” durante la Segunda Guerra Mundial. Grupos del S.U., así como la tendencia Militante de [Ted Grant,] Peter Taaffe y Alan Woods, aullaron junto a los lobos imperialistas en apoyo al golpe contrarrevolucionario de Boris Yeltsin en Moscú en 1991. Hoy, la izquierda reformista aclama al Dalai Lama, apoyado por la CIA, y al movimiento “Tíbet libre” en contra del estado obrero deformado chino.
Nosotros, en la Liga Comunista Internacional, luchamos hasta el final contra la contrarrevolución en lo que fue la Unión Soviética y Europa Central y Oriental, tal como Trotsky exigió a sus partidarios. En contraste con la negativa de los falsos trotskistas a defender a la URSS contra los muyajedines armados por la CIA tras la intervención soviética iniciada en diciembre de 1979, nosotros dijimos: “¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán! ¡Extender las conquistas sociales de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos!” En una declaración de 1991, llamamos a los obreros soviéticos a “derrotar la contrarrevolución de Yeltsin y Bush”, y exhortamos al proletariado a formar soviets bajo el programa del internacionalismo bolchevique. En Alemania Oriental (RDA) en 1989-90, mientras el régimen estalinista en desintegración del SED-PDS clamaba que la restauración capitalista debía ser realizada de una manera humana, nosotros, de manera única, nos opusimos a la reunificación capitalista. Llamamos por una Alemania roja soviética, a través de una revolución política en la RDA y una revolución socialista en Alemania Occidental. Iniciamos una movilización masiva, que luego fue apoyada por el SED-PDS, en el parque Treptow en Berlín, el 3 de enero de 1990, contra la profanación fascista de un memorial de guerra soviético y en defensa de la URSS y de la RDA. Era la primera vez que los trotskistas intervenían en una plataforma pública en un estado obrero desde la Oposición de Izquierda rusa de Trotsky a fines de los años 20.
La destrucción de la URSS tuvo consecuencias desastrosas para Cuba. La economía cubana estaba fuertemente subsidiada por la URSS, lo que llegó a representar hasta el 36 por ciento del ingreso nacional cubano en los años 80. La economía cubana sufrió una contracción dramática, con una disminución precipitada del 40 por ciento en la producción económica per cápita para 1993. Esto significó apagones, escasez de productos básicos y un periodo de estricto racionamiento de alimentos para la población cubana durante un lapso conocido como el “periodo especial en tiempo de paz”. En respuesta, el gobierno instituyó una serie de “reformas de mercado”, que incluía legalizar la posesión y el intercambio del dólar estadounidense. Esta “dolarización” condujo a una intensa y creciente diferencia en los ingresos de la población, lo que tuvo un impacto más fuerte en las mujeres y los negros cubanos. En los últimos años, el gobierno ha intentado reducir la dependencia en la inversión imperialista mediante la firma de nuevos acuerdos comerciales con la Venezuela de Chávez y con China. Pero la situación económica sigue siendo muy grave para la mayoría de los cubanos, quienes se ven obligados a recurrir al mercado negro incluso para adquirir muchos artículos de primera necesidad.
Tratando de aliviar el embargo estadounidense para facilitar la penetración económica a la isla, el ex presidente Carter viajó a Cuba en 2002. Durante su viaje, Carter empujó la campaña por el Proyecto Varela —lanzado por disidentes proimperialistas— que incluía demandas por el derecho a la empresa privada, amnistía para los presos políticos y “elecciones libres”.
El llamado a “elecciones libres” es un llamado a apoyar la “democracia burguesa” en contra del estado obrero cubano, es decir, por la contrarrevolución. Nosotros estamos a favor de la democracia obrera. Como nuestro partidario dejó claro a Guevara en 1964, estamos por el derecho de todas las tendencias que defiendan los logros de la Revolución Cubana a organizarse políticamente. La clase obrera debe ejercer su gobierno a través de los soviets. Condenamos a aquellos como Olivier Besancenot, portavoz prominente de la Ligue communiste révolutionnaire [Liga Comunista Revolucionaria] de Francia, sección líder del S.U., quien a principios de este año proclamó su apoyo a “elecciones libres” en Cuba.
Para mérito propio, el gobierno cubano apoya la causa de Mumia Abu-Jamal, el principal prisionero político en la antesala de la muerte en EE.UU. Sin embargo, el gobierno cubano aplica la pena de muerte, aunque recientemente Raúl Castro conmutó las penas de muerte de casi todos los reclusos condenados en Cuba. Nosotros nos oponemos a la pena capital como una cuestión de principios en Cuba y China, así como en los países capitalistas. Cuando tres secuestradores de una embarcación fueron ejecutados en 2003, los sicofantes pro-Castro de Socialist Action trataron de justificar este hecho señalando las ejecuciones llevadas a cabo por los bolcheviques durante la Guerra Civil [mientras que el Grupo Internacionalista —pablistas de la segunda generación— trató de justificarlo presentando el secuestro del bote como “una acción de guerra contrarrevolucionaria” (El Internacionalista en Internet, mayo de 2003)]. Nosotros respondimos [ver Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003]:
“Los marxistas —incluyendo a los bolcheviques— estamos opuestos a la bárbara institución de la pena capital. Los bolcheviques llevaron a cabo terror revolucionario en defensa del nuevo estado obrero, entendiendo que la guerra contra la contrarrevolución era un episodio temporal que necesitaría medidas temporales y drásticas. Pero el código penal fue una característica más permanente del estado obrero. Cuando la pena de muerte, en vez de ser un acto de guerra, fue hecha parte del código penal del país en 1922, se pretendía que ésta fuera una medida temporal... Y como tantas otras medidas empleadas temporalmente por el joven estado obrero, con la contrarrevolución política estalinista éstas fueron hechas permanentes y retorcidas hasta quedar convertidas en los opuestos más grotescos de lo que buscaban los bolcheviques.”
La ejecución de los secuestradores no fue un asunto de justicia sumaria por parte de un gobierno obrero en una situación de guerra civil. Sabemos muy bien que el régimen de Castro arremete con represión en contra de sus opositores prosocialistas, incluyendo militantes como los trotskistas en los años 60. Y fue en el nombre de “defender la revolución” que Castro ordenó la ejecución del general Ochoa en 1989, un héroe de la guerra de Angola, después de un juicio al estilo estalinista que hizo recordar las purgas de Moscú a fines de la década de 1930.
Apoyamos las medidas adoptadas en defensa de la Revolución Cubana, incluyendo el encarcelamiento de los “disidentes” que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense. Pero no damos crédito a la capacidad de la burocracia para barrer con los contrarrevolucionarios. La invitación de Castro a Carter sólo sirvió para envalentonar a los reaccionarios, así como la continua búsqueda de una “tregua” con el imperialismo socava al estado obrero cubano. Los fundamentos de lo que escribimos en 1965 en nuestro artículo “¡Libertad para los trotskistas cubanos!” sigue siendo cierto hoy:
“La Revolución Cubana debe sustituir su actual ideología nacionalista de ‘coexistencia pacífica’...con una política exterior revolucionaria, una orientación a la revolución latinoamericana para construir concretamente y otorgar dirección al movimiento revolucionario en América Latina como parte de un movimiento mundial. Internamente, el establecimiento de una genuina democracia obrera, la construcción de soviets —consejos de obreros— órganos representativos electos de poder obrero, y la restauración de la rica vida interna es vital para cualquier movimiento revolucionario para derrotar a la burocracia.”
Los revolucionarios en EE.UU., el bastión del imperialismo mundial, tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y el imperialismo estadounidense. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario, sección de una IV Internacional reforjada, que lleve a la clase obrera multirracial de EE.UU. el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es parte integral de su lucha contra los explotadores capitalistas estadounidenses y de la lucha por la revolución socialista. ¡Defender la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política proletaria para abrir el camino hacia el socialismo! ¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/30/cuba.html
submitted by ShaunaDorothy to Espartaco [link] [comments]


si yo fuera una mujer seria una zorra COMO SER RICA EN 5 PASOS... Jossie Esteban Ensayo Tour Costa Rica 2018 Los Testigos - Una mujer en el armario (Raffaella Carrà) ForeverMyWorlds - YouTube Si la vida fuera un Roast Yourself  Parte 2

Ensayo Hay Igualdad Real De La Mujer En Costa Rica Gratis ...

  1. si yo fuera una mujer seria una zorra
  2. COMO SER RICA EN 5 PASOS...
  3. Jossie Esteban Ensayo Tour Costa Rica 2018
  4. Los Testigos - Una mujer en el armario (Raffaella Carrà)
  5. ForeverMyWorlds - YouTube
  6. Si la vida fuera un Roast Yourself Parte 2
  7. Si fuera una mujer joven

50+ videos Play all Mix - Si la vida fuera un Roast Yourself Parte 2 YouTube Si la vida fuera una canción de Kenia Os - Delito, Bonita, Mentiroso, Por siempre... - Duration: 3:09. Esa mujer dentro del armario! Tanto el sonido como la peluca son del todo a 100. Grabada por Alejandro Camblor en el el local de ensayo, en una tarde que dio para mucho. Señales de que una mujer casada quiere contigo (cómo saber si le gustas a una mujer casada) - Duration: 8:17. Kali Amor y Romance Recommended for you 3. Una Bendicion 4. Si Fuera un Delito 5. Al Final del Tunel 6. Mal de Amor 7. Dejate Llevar 8. Llega Tu Recuerdo 9. Mi Linda Princesa 10. Tu Eres la Indicada 11. Como Te Extrano 12. Piensa en Mi ... si yo fuera una mujer seria una zorra elholandeserrante15. ... ¿Cuál es la posición más rica para las mujeres? ... Interpretando Patxi Andion: Si yo fuera mujer/Raquel Olmedo: Es mi vida ... Mentalidad de Mujer Rica vs. Mujer Pobre Beauty&Brains - Duration: 6:14. Karen Kolb Recommended for you. 6:14. Flat Iron Hacks To Style Your Hair Better, Faster, Easier - Duration: 24:20. Jossie Esteban Ensayo Tour Costa Rica 2018. ... Jossie Esteban Ensayo Tour Costa Rica 2018 - Seguro que si - Duration: ... Un Hombre Busca una Mujer- Jossie Esteban con Erick Sanchez - Duration: ...